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Aislamiento parte 2: muros y tejados


En su día hablamos sobre la importancia de las ventanas para conseguir un buen aislamiento térmico de nuestros hogares o negocios. Otros elementos aislantes, tanto o más importantes que los anteriores debido a la gran superficie que cubren, son los muros o tejados.

Uno de los mejores aislantes que existe de forma natural en la naturaleza es el aire inmóvil, por lo que los materiales que consigan atrapar una mayor cantidad de aire en su interior serán los mejores aislantes y también los más ligeros. De esta forma tendrán la capacidad de transpirar, acumulando energía solar durante las horas centrales del día y expulsándola por la noche, por lo que, idealmente, necesitamos una pared aislada y dotada de cierta inercia térmica a la vez para que sea capaz de regular la temperatura de forma adecuada.

El elemento constructivo principal de nuestros muros será el bloque aligerado para que el aire pueda penetrar en su interior rodeado de sistemas aislantes de contorno tales como materiales disueltos en su interior, paneles interiores, revestimientos exteriores, etc.

Entre los elementos aislantes más empleados se encuentran los siguientes, cada uno de ellos con unas características determinadas aconsejables en función de nuestras necesidades:

  • Lana de vidrio o de roca.

  • Lana natural.

  • Fibra de celulosa.

  • Corcho.

  • Fibra de madera natural.

  • Arcilla expandida.

  • Fibra de celulosa.

Además, contamos con una serie de espumas sintetizadas químicamente que se estructuran de forma que atrapan aire en su interior aislándolo del entorno. Entre ellas se encuentran:

  • Poliestirenos.

  • Poliuretanos.

  • Enlucidos aislantes y antihumedad.

Las necesidades de aislamiento térmico de nuestros inmuebles dependerán principalmente de las características climáticas del entorno en el que vivamos, de forma que la combinación óptima de los elementos que hemos conocido anteriormente será distinta en cada caso en función de cuáles sean nuestros objetivos. Su finalidad es dotar al espacio habitable de aislamiento autorregulable y transpiración al mismo tiempo, de forma que las necesidades energéticas de climatización artificial interior se reduzcan al máximo y repercuta positivamente en nuestras facturas eléctricas.

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